Dr. Manuel Inostroza Palma

2017 04 dr manuel inostroza

En el inicio del año académico 2017 del programa de Magíster en Epidemiología Clínica, versión semi presencial, el Dr. Manuel Inostroza Palma dictó la clase magistral “Disciplinas de la Epidemiología: la oportunidad para las políticas públicas de salud que se merecen los chilenos”.

Antes de comenzar su charla, el Dr. Inostroza nos concedió una entrevista donde abordó los principales tópicos de su charla magistral así como su visión actual del país pero con fuertes anclajes en su trayectoria que se remonta a los años 80.

El Dr. Manuel Inostroza Palma es académico de la Universidad Andrés Bello donde dirige el Magíster en Salud Pública. Por otro lado, es consejero nacional del Sistema de Alta Dirección Pública. Fue jefe de gabinete de dos ministros de Salud entre otros cargos que lo han posicionado en lo más alto de la administración pública en Salud del país.

  1. Usted dictará una clase magistral que se llama “Disciplinas de la Epidemiología Clínica”, pero con un apellido muy sugerente: “Las políticas públicas que se merecen los chilenos”. Primero, cuáles son esas disciplinas de la Epidemiología Clínica.
    Quienes estamos en la formación de postgrado para los profesionales del sistema de salud nos preocupa generar evidencia técnica y científica para formar a esos profesionales con rigurosidad técnica y búsqueda del conocimiento para los problemas que tiene Chile, que no son muy distintos a los problemas que tienen todos los sistemas de salud en el mundo, que pueden ser mejor resueltos o estar a la altura de las expectativas ciudadanas, y ahí lo que vislumbramos es que hay áreas del conocimiento como la propia epidemiología pero con un sentido muy práctico de aplicación.
    Hay muchos hospitales que establecen que para sus unidades de gestión y de medicina basada en evidencias, requieren contar con epidemiólogos clínicos que trabajen a la par de los médicos clínicos, porque eso los lleva a medir sus resultados, impactos, a publicar y  mejorar la práctica clínica en base a esos datos. Yo siempre digo: nosotros nos formamos como médicos en el método científico pero terminamos comportándonos como artistas en el desempeño profesional, tenemos que honrar esa formación científica y hacer de la práctica no un arte sino que una disciplina rigurosa para no hacer daño al paciente. Entrar a un hospital puede ser muy peligroso. En Estados Unidos está medido que es más peligroso que tirarse en Benji. Las posibilidades de accidentes o un evento adverso que afecte tu vida, calidad de vida o pronóstico es muy alta. Si le agregamos la formación en gestión, en economía de la salud, en la mirada sobre las ciencias sociales, sociología, comunicación, formación en habilidades blandas para interactuar con los pacientes pero también con los equipos de trabajo, hacen de la formación de estos profesionales que acompañan a los clínicos algo muy importante.

  2. Cuáles son esas políticas públicas que se merecen los chilenos?
    Cuando me presento a mis estudiantes y lo digo a mucha honra, les digo: yo soy un político. A mí me encanta la política y eso viene de mi época de dirigente estudiantil en tiempos de dictadura, fui presidente del Centro de Alumnos de Medicina y presidente de la FECH así que mi vocación social y política viene desde allí, haber luchado por recuperar la democracia en momentos que no fueron fáciles para el ámbito universitario, entré a estudiar Medicina en 1984… Luego, siempre he dicho que una cosa es la vocación política pero si no somos capaces de darle expertice técnico a esa vocación poco podemos hacer para cambiar rigurosamente la realidad de nuestro país y por ello me he dedicado a mantener esa vocación política pero a formarme técnicamente con postgrados en Chile y el extranjero, hice mi maestría en Salud Pública en Johns Hopkins y volver a Chile para tratar de hacer las reformas que los chilenos se merecen.
    Con mi experiencia, como director de centros hospitalarios, director de centros de atención primaria en la comuna de El Bosque y luego trabajar en el MINSAL, siete años como superintendente de Salud, siento que el proceso de reforma chileno es aún inconcluso. Hoy las reformas debieran ser cada cinco o seis años y no como lo hacíamos antes con reformas que duraban 30 años y no se hacía nada nuevo. Tuve un rol muy importante durante el gobierno del presidente Lagos y el Plan AUGE pero esa reforma quedó inconclusa, por ejemplo, el ámbito de la gestión hospitalaria sumado a la infraestructura pero con la administración que tenga gestión de calidad o con modelo de valor agregado y centrado en el valor del paciente que son las modas imperantes. Para eso nos falta mucho en términos de reformas, gestión del recurso humano, gobernanza corporativa de los hospitales que son temas que no hemos podido implementar adecuadamente después de la reforma del 2005. A eso hay que agregarle los temas de financiamiento. FONASA funciona como seguro público de salud pero que no resuelve a satisfacción las demandas de la población, de hecho, mucha de la población tiene que recurrir a prestadores privados porque los hospitales públicos no dan abasto y esos son desafíos para ver cómo FONASA asume ese rol y garantiza no solo el AUGE sino que la resolución de los problemas de salud que más afectan la calidad de vida de los chilenos. Para que hablar del sector privado, que desde el año 2010, está afectado por fenómenos de judicialización, tanto en la tabla de factores de riesgo como en los precios base y que para introducir una mejora regulatoria que permite darle legitimidad y certidumbre jurídica requiere que se transformen a la seguridad social. No es posible en el mundo tener sistemas privados con financiamiento de un 7% que tiene una lógica de seguridad social. Para eso tienen que tener fondos de compensación de riesgo, planes garantizados únicos y estándar que permitan eliminar las pre existencias, eliminar la cautividad y establecer los principios de seguridad social si Chile considera que todavía es pertinente tener estos actores pero adaptados a la seguridad social y no en la lógica de seguros individuales donde están inmersos.
    Esas reformas que podrían haber sido una continuación del proceso 2003 – 2005, pero ya han pasado 12 años, dos gobiernos de signo político distinto y ningún gobierno ha sido capaz de pasar a una nueva etapa de cambios y como no se han hecho esas reformas las expectativas ciudadanas que caminan mucho más rápido que los cambios, que no se han podido hacer, significa que hoy tenemos a la gente molesta con el sistema público y también molesta o insatisfecha con la realidad del sistema privado.

  3. Si pudieran haber ejes, qué es lo que nos merecemos como sociedad, como pueblo.
    Nos merecemos una atención primaria que estimule el autocuidado, la promoción de estilos de vida saludable, que sea el eje de un cambio de modelo de atención, no ser un sistema de salud biomédico sino que biopsicosocial, mucho más integrado a los factores o determinantes sociales de la salud. Nos merecemos una atención primaria que pase del discurso a la acción en ese tipo de acciones.
    Nos merecemos hospitales de calidad y seguros, que sean vistos no solo como la torre de babel o de marfil y cuando está allí ve lo maravilloso que se ve el mundo desde arriba, sino que sean espacios de tránsito entre este nueva visión de modelo de atención que parte con mi autocuidado, con mis estilos de vida, con mi trabajo en comunidad, con mi entorno, con mi médico de atención primaria o de familia y cuando de repente podré ir por el menor tiempo posible a ese hospital, de entrada y salida, con el enfoque ambulatorio, con el tema de salud mental o cirugía ambulatoria.
    Finalmente, cuando se envejece la vinculación a otros centros de salud o dispositivos sanitarios que tienen que ver con la mantención de la autovalencia, de la vida en comunidad con estándares de felicidad que permiten que se esté mentalmente sano, activo y físicamente autovalente.
    Una red integrada que vea el sistema de esa manera. Hoy estamos más preocupados de los nodos que de una red: el cesfam, el hospital, el CDT, pero nos cuesta ver un modelo más integrado y en donde estos nodos son meros pasos de tránsito. El desafío es tener un sistema de salud donde se esté el mayor tiempo en la casa y el entorno familiar el mayor tiempo sano posible.
    Luego, sistemas de salud, cuyos modelos de financiamiento, permitan que no hay endeudamiento o vender la casa cada vez que se enfrente una persona a un evento catastrófico que supere este modelo básico para la mayor cantidad de problemas de salud. Esto requiere accesos a medicamentos de alto costo, quimioterapia, innovaciones tecnológicas futuras. Se nos viene la genómica o la nanotecnología y que todo eso pueda estar por razones de equidad al alcance de todos solo cuando es necesario y cuando se requiera que no sea un evento catastrófico que ponga en riesgo la sustentabilidad económica y social de la familia y entorno particular.
    Esas son las cosas o ejes, pero como estamos en un ambiente de alta complejidad, no hay balas de plata o una gran reforma, esto no es eliminar las isapres o transformar FONASA en el único sistema ya que dada la realidad que tenemos, son cambios graduales pero muy persistentes en el largo plazo que nos pueden llevar hacia un sistema público único como es la experiencia mayoritaria en los países desarrollados o sistemas mixtos, pero básicamente como es tan complejo, se requieren varias reformas o medidas funcionando al mismo tiempo en una cierta dirección. Esto requiere recursos humanos, campos clínicos, actualizar la formación de los profesionales, tecnología, gestión, economía de la salud, biotecnología, muchas variables, es como el personaje con siete o más platos en las manos y evitar que se caiga alguno. Esa es la complejidad del sistema de salud hoy en día.

  4. Me ha hablado como dirigente político contra la dictadura, como jefe de gabinete de dos gobiernos, como médico, cómo cambia la mirada como académico?
    A los 50 años que acabo de cumplir la pasión está más fuerte que nunca. Es lo que me motiva a aceptar invitaciones y otras más a las que siempre voy. Cuando regresé de Estados Unidos y la formación que tengo asumí que para lograr transformaciones, los guru, caciques o caudillos no sirven. Esto requiere de masa crítica, personas que conceptualizadas en una visión común puedan hacer que los cambios sean realidad. No saco nada con vestirme en un líder como soñé cuando llegué a la FECH y que con solo mi liderazgo podía cambiar el mundo. Esto requiere de miles de personas alineadas con una mirada común en el sistema de salud y eso es lo que he tratado de volcar en mi etapa como académico.
    Sigo creyendo que las reformas y mejoras a los sistemas son posibles, sobre todo ahora que tenemos más recursos, cuando partí había seis facultades de Medicina y gastábamos 400 dólares per cápita. Hoy tenemos 28 facultades de Medicina y todavía no somos capaces de forma a todos los médicos que el país necesita e invertimos mil 900 dólares per cápita pero estamos a la mitad  de lo que gastan los países más ricos pero ya somos el país número 1 en América Latina, pasamos hace rato a Argentina, pero nos queda mucho por avanzar y si queremos llegar a ser un país desarrollado, duplicar el gasto que tenemos, pero ese gasto tenemos que hacerlo bien, con evidencia, políticas públicas rigurosas, de excelencia, y ese es el desafío. 
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